<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1852896895780344689</id><updated>2011-11-12T16:20:38.002-08:00</updated><title type='text'>La boina ha hablado</title><subtitle type='html'>Un blog sobre mis peripecias por París</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://tostadasrecienhechas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tostadasrecienhechas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Nadia Barrera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06916414197814731927</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-CKoFZSfOJC4/TqRBVfb-NpI/AAAAAAAAACQ/Jzu5UNxHSf8/s220/vintage.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1852896895780344689.post-3090184734500598854</id><published>2011-11-08T12:37:00.000-08:00</published><updated>2011-11-08T12:45:05.821-08:00</updated><title type='text'>Fantasmas</title><content type='html'>Cada vez que perdía algo, mi abuela me cogía por los hombros y me decía: "ponte a hacer otras cosas que ya ves como aparece solo". Tenía razón. Siempre la tuvo. Ahora que soy casi una adulta (aunque aún&amp;nbsp;me cueste reconocerlo) he ido perdiendo "cosas" por el camino, muchas veces con la esperanza de no volver a encontrarlas. Paso a paso, segundo a segundo, año tras año, he apilado momentos y personas para enterrar aquellas partes de mi pasado que me desagradan y que me niego&amp;nbsp;rotundamente a recuperar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que pensando bien las cosas, si vine a París fue en parte porque quería huír. La imagen que tenía de mi misma&amp;nbsp;en Barcelona&amp;nbsp;no me gustaba y deseaba empezar desde cero simulando ser otra. Sin embargo, tal como me diría ahora mi abuela si la tuviera delante: "te pusiste a hacer otras cosas y ahora ha aparecido". ¿El qué ha aparecido? Pues una persona que siempre me he empeñado en matar una y otra vez. La primera vez que me propuse&amp;nbsp;hacerla desaparecer&amp;nbsp;me juré no volver a mencionar su nombre, ni siquiera pensarlo. Lo logré. Después llené su ausencia con la existencia de personajes variopintos que me ayudaron a hacer de&amp;nbsp;mi tiempo libre algo más ameno. Los años pasaron. Su imagen era ya algo difusa en mi mente. No recordaba el tono de su voz ni la forma de sus manos que me fascinaban tanto ni lo último que nos dijimos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces, un día se me apareció su fantasma, así, sin más. Me pasé unos cuantos días con un gran malestar como si viniese de romperme. Su sombra se deslizaba por las paredes. Le escuchaba susurrándome cuando apoyaba mi cabeza en la almohada. Fue entonces cuando me propuse matar a esa persona por segunda vez con el propósito de que vencería a la muerte y a los estragos que va dejando por el camino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó un año y unas cuantas bocas por mi cama. Me encerré en mi estudio y me puse a escribir como una demente. Me inventé trabajos y exámenes. Hasta parecía que adelantaba al tiempo vivendo veinticuatro horas diarias como si fueran treinta y seis. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me creía recuperada, sin embargo, un día cualquiera, me desperté pensando&amp;nbsp;en aquella persona que había matado dos veces.&amp;nbsp;Empecé a repasar sus ojos que creía ya comidos por los gusanos, recorrí con mis dedos su pelo que tantas veces toqué como si ya no fueran ceniza y&amp;nbsp;escuché su voz como si nunca hubiera sido silencio. Entonces volvió a aparecer. Él volvió a aparecer, esta vez&amp;nbsp;en carne y hueso.&amp;nbsp;Ahora que no dejo de encontrármelo medio muerto medio vivo me pregunto si acaso no será Él lo que busco. O tal vez&amp;nbsp;será que a los fantasmas no se les puede matar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1852896895780344689-3090184734500598854?l=tostadasrecienhechas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default/3090184734500598854'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default/3090184734500598854'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tostadasrecienhechas.blogspot.com/2011/11/fantasmas.html' title='Fantasmas'/><author><name>Nadia Barrera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06916414197814731927</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-CKoFZSfOJC4/TqRBVfb-NpI/AAAAAAAAACQ/Jzu5UNxHSf8/s220/vintage.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1852896895780344689.post-7205359074438879326</id><published>2011-10-28T14:46:00.000-07:00</published><updated>2011-10-28T14:46:47.305-07:00</updated><title type='text'>Barcelona también tiene arte</title><content type='html'>Escribiendo esta entrada voy a traicionar a París, lo sé, y pido disculpas por ello. Sin embargo, creo que por esta vez puedo saltarme las reglas de mi propio juego y hacer una excepción. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien París es un lugar&amp;nbsp;lleno de magia (nunca me cansaré de repetirlo), Barcelona no se queda atrás. Me fui de la Ciudad Condal en busca de inspiración, de nuevos aires que me devolvieran las ganas de escribir.&amp;nbsp;Lo sorprendente es que gran parte de los personajes que aparecen en mis historias son nada más ni nada menos que las semblanzas de aquellas magníficas personas que conocí allí (si alguna vez os sentís identificados con alguno de ellos ya sabéis el por qué).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace muchos años, cuando aún conservaba la esperanza de que el tiempo no pasaría para mí y que el día de tomar decisiones importantes jamás llegaría, conocí a Adriana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adriana cautivaba desde el primer "hola". Resultaba imposible ignorarla no solo porque era una chica muy guapa sino que también porque era de aquellas personas que tienen una especie de imán que te atrae inevitablemente hacia ellas. Todo en Adriana cautivaba: su voz tibia; su sonrisa permanente; sus profundos ojos&amp;nbsp;marrones que me recordaban al café caliente que preparaba mi abuela;&amp;nbsp;aquella manera efusiva que tenía de saludarte, de despedirse, de consolarte, de alegrarse contigo y de llorar si hacía falta. Nos podíamos pasar horas&amp;nbsp;y horas charlando de miles de cosas, desde las más insignificantes hasta las más trascendentales. Nunca nos faltó tema de conversación y sabíamos quemar el silencio con miradas cómplices cuando el mundo se&amp;nbsp;volvía demasiado complicado para entenderlo: "Estamos perdidas, ¿y qué?", me decía.&amp;nbsp;Hacíamos miles de planes, miles de viajes, nos inventábamos historias y no nos importaba pasarnos el día abstraídas imaginando diferentes destinos siempre y cuando todos nos llevasen a lo que más deseábamos en la vida: ser&amp;nbsp;eternas, quedar grabadas de alguna manera en este mundo aún después de que nos hayamos convertido en polvo, romper con las reglas del tiempo que todo lo mata y dejar nuestra huella. He de reconocer que nos esforzábamos por lograr nuestro objetivo: mientras ella repasaba cientos de guiones, yo escribía y escribía como si una fuerza casi criminal me llevara a comerme el papel con la tinta.&amp;nbsp;En el momento cuando&amp;nbsp;pasaba la pluma por las hojas me era imposible no detenerme de vez en cuando y&amp;nbsp;perderme en&amp;nbsp;su voz. Escucharla era como si de golpe te vieras en un millón de mundos extraordinarios sin tener la necesidad de moverte del sofá. A veces me quedaba tan llena de sus historias que sin querer escribía lo que ella decía y me veía obligada a arrancar la hoja y empezar otra vez, pero eso jamás me importó. El arte era todo para nosotras. Jugábamos a&amp;nbsp; hacer críticas literarias y sobre artes escénicas en general. Para ello nos íbamos al cine decenas de veces (aunque después no tuviéramos dinero ni para tomarnos un café en el bar) y arrazábamos con las bibliotecas. Después que nuestro cerebro se hubo colapsado de tanta información nos llenábamos la boca dando nuestra opinión sobre lo que habíamos visto y sentido. No recuerdo haber vivido tiempos tan culturalmente prósperos como esos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el tiempo todo lo puede en esta vida. Hace años que no sé nada de ella. Ni siquiera sé cómo fue que perdimos el contacto. Supongo que nos hicimos adultas demasiado pronto. La vida te llena de responsabilidades y te va abriendo nuevos caminos que no tenías en el mapa.&amp;nbsp;Sin querer nos vemos obligados muchas veces a coger difurcaciones que nos distancian de los que creíamos indispensables.&amp;nbsp;Lo que sí me consuela es que ninguna de las dos ha dejado de hacer lo que le gusta: lo último que supe de ella es que acabó su carrera y que ahora está haciendo sus primeros pinitos en el teatro. Lo que es yo... bueno yo estoy en París intentando averiguar qué hago con mi vida y aprendiendo a&amp;nbsp;levantarme. Siempre guardo la esperanza de que algún día más temprano que tarde volveremos a encontrarnos y quién sabe, tal vez podremos volver a ser aquellas adolescentes que tenían mucha pero que mucha arte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1852896895780344689-7205359074438879326?l=tostadasrecienhechas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default/7205359074438879326'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default/7205359074438879326'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tostadasrecienhechas.blogspot.com/2011/10/barcelona-tambien-tiene-arte.html' title='Barcelona también tiene arte'/><author><name>Nadia Barrera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06916414197814731927</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-CKoFZSfOJC4/TqRBVfb-NpI/AAAAAAAAACQ/Jzu5UNxHSf8/s220/vintage.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1852896895780344689.post-4299572660859615302</id><published>2011-10-24T13:06:00.000-07:00</published><updated>2011-10-24T13:11:49.382-07:00</updated><title type='text'>La bohemia en París la ponemos nosotros. Hoy le toca a Candela</title><content type='html'>Cuando llegas por primera vez a París la ciudad te sorprende, te cautiva. Cada rincón tiene poesía, incluso los metros destartalados que parecen latas de conserva. Haces lo típico que hace cualquier turista: te vas a la Torre Eiffel, a los Campos Elíseos, al Arco del Triunfo, a la torre de Montparnasse, te das un paseíto en un bateau mouche, te comes una crepe en el barrio de Montmatre, te tomas un café en una típica terraza parisina, etcétera, etcétera. Cuando al cuarto o quinto día regresas a tu vida normal dejando atrás&amp;nbsp; la&amp;nbsp;ciudad francesa&amp;nbsp;te vas con&amp;nbsp;la idea de que París es una ciudad llena de romanticismo y de bohemia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión es que cuando te quedas más tiempo en París (por ejemplo durante un tiempo digamos... ¿indeterminado?) crees en un principio que&amp;nbsp;la ville lumière va&amp;nbsp;perdiendo su gracia a medida que van pasando los días, las semanas, los meses. París ya no te parece una ciudad tan bohemia. El encanto se rompe cuando ya no puedes disfrutar un café con leche de forma regular porque te cuesta seis euros. Tu pasión por sus calles se apaga cuando te llega la primera factura de electricidad sin mencionar lo que cuesta encontrar un alquiler a un precio que se adapte a tu bolsillo de estudiante. Las energías que gastas en sobrevivir son tantas que te quedas sin batería para captar la verdadera esencia de la ciudad que está, por si no lo sabías, en la gente que conoces y no en los cafés ni en las calles, ni siquiera en las latas de conservas con ruedas. Las personas que te cruzas en París creo que no te las puedes cruzar en ningún otro sitio del mundo. Son personajes de novelas traídos a la vida por algún escritor desquiciado que se hizo con el poder de dar forma humana a sus fantasías tanto excéntricas como perfectas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protagonista de hoy será Candela. Mi adorada y preciosa Candela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los padres de Candela no podrían haberle puesto mejor nombre, porque esa mujercita es pura candela.&amp;nbsp;Cuando la ves por primera vez piensas, o mejor dicho tienes la sensación incómoda de que has conocido a alguien con el que solo podrás tener un monólogo -siendo tú el que va a tener que darse el trabajo de abrir la boca - porque ella no va a hablar en el mucho&amp;nbsp;o poco rato que estéis compartiendo&amp;nbsp;esa franja de espacio-tiempo que el destino os ha obligado a compartir (desgraciadamente para tí). Su voz, que parece que en cualquier momento va a apagarse como la llama de una vela, refuerza esta&amp;nbsp;idea un tanto catastrofista de su persona. Tampoco ayuda su cuerpo menudo ni sus piernas&amp;nbsp;finas ni sus ojos pequeñitos y redondos como de susto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que la primera vez que la vi&amp;nbsp;fue en la&amp;nbsp;cola de las inscripciones para la licenciatura.&amp;nbsp;Estaba acompañada de su padre, un hombre serio y de mirada grave que daba la impresión de estar enfadado (o por lo menos eso me decía su ceño fruncido y su frente arrugada). Miraba a todos los lados girando la cabeza con violencia como si estuviera buscando los culpables de ese malestar desconocido para todos los allí presentes (que a todo esto comenzábamos a ponernos nerviosos con su presencia). Candela estaba a su lado, con la cabeza gacha y los brazos a los costados de su cuerpo. No movía la boca y si respiraba, yo eso no lo noté. Se asemejaba a&amp;nbsp;esas muñecas flácidas de&amp;nbsp;trapo que con el uso parece que ya no tienen ganas de vivir. Me dio mucha pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda vez que la vi fue en clase de español. Estaba sentada adelante de todo, con la libreta ya en la mesa y los lápices en posición vertical. No hablaba con nadie. Yo -como siempre- llegaba tarde así que no me quedó más remedio que irme a la última fila. La seguí con la mirada hasta que me senté. No me podía creer que fuéramos a la misma clase. "Es el destino", me dije (hace un año que somos amigas y sigo pensándolo). Mi sorpresa llegó cuando la profesora nos hizo presentarnos. Una vez que todos hubimos hablado, le tocó el turno a Candela. Sé que había empezado a hablar porque veía sus labios moverse pero no escuchaba nada de lo que decía. "¿Puedes hablar un poco más fuerte, por favor?", le dijo la profesora. Entonces Candela paseó su mirada por cada uno de&amp;nbsp;nuestros rostros, tragó saliva&amp;nbsp;y pronunció alto y claro, llena de ferviente expresión: "Hola, me llamo Candela, y soy uruguaya aunque hace muchos años que vivo en París". Creo que no exagero cuando todos nos quedamos con la boca abierta no por el hecho de que fuera uruguaya, sino por la forma en como lo dijo. Su frase sonó igual a como suenan aquellas grandes noticias que marcan nuestra historia para siempre. "Vaya, uruguaya", pensé. En aquel mismo instante toqué madera y pedí perdón al cosmos por haberme hecho una idea preconcebida de aquella voz que cuando quería podía tener tanta fuerza como el canto de un batallón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tercera vez que la vi, fue en la cafetería de la facultad. Me acerqué simulando&amp;nbsp;una espontaneidad innata&amp;nbsp;aunque en realidad estaba muerta de miedo. &lt;br /&gt;-Hola, ¿Candela, verdad? ¿te importa si me siento contigo? &lt;br /&gt;-No para nada, me dijo ella con una gran y preciosa sonrisa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De ahí no sé cómo fue que a partir de ese momento nos hicimos inseparables. Es lo que tiene París, que te sorprende siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1852896895780344689-4299572660859615302?l=tostadasrecienhechas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default/4299572660859615302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default/4299572660859615302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tostadasrecienhechas.blogspot.com/2011/10/la-bohemia-en-paris-la-ponemos-nosotros.html' title='La bohemia en París la ponemos nosotros. Hoy le toca a Candela'/><author><name>Nadia Barrera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06916414197814731927</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-CKoFZSfOJC4/TqRBVfb-NpI/AAAAAAAAACQ/Jzu5UNxHSf8/s220/vintage.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1852896895780344689.post-3730224835384445035</id><published>2011-10-23T09:27:00.000-07:00</published><updated>2011-10-23T09:27:16.632-07:00</updated><title type='text'>Las primeras palabras siempre son lo más difícil</title><content type='html'>Hola, me llamo Nadia&amp;nbsp;y hace dos años y poco más que vivo en París. Hice las maletas con la excusa de que quería tener un mejor futuro haciendo una carrera en el extranjero (cosa que no deja de tener algo de verdad). Le dije a mi madre: "Mamá, me voy que no me quiero morir de hambre aquí" y con un beso me despedí de mi familia, de mis amigos, de Barcelona y de la carrera que dejé a medio empezar. Pero la cuestión es que mi mayor motivación por la que decidí embarcarme en esta gran odisea (vivir en París te pone a prueba cada segundo que respiras) no fue monetaria sino emocional (¡ajá! y no, no es lo que estáis pensando). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veréis, me encanta escribir. Me fascina hasta&amp;nbsp;tal punto que a veces doy miedo: si se me viene una frase en mitad de&amp;nbsp;la calle soy capaz de pararme en seco teniendo el semáforo en rojo, sacar un bolígrafo y escribírmela en la mano sin importarme que provoque un atasco descomunal (cosa que ya ha pasado). Pensé que viniendo&amp;nbsp;a París encontraría la inspiración&amp;nbsp;-y sobre todo el tiempo y el espacio personal- para escribir y acabar de una vez por todas con un sin fin de proyectos que he&amp;nbsp;ido guardando en libretas a medio llenar. ¡Craso error! desde que llegué apenas tengo tiempo para nada. Mi carrera me ocupa las veinticuatro horas del día&amp;nbsp;y cuando tengo un rato libre estoy tan cansada que no tengo fuerzas para sentarme y escribir sin pensar en otra cosa. Mi fantasía de escritora bohemia empezaba a esfumarse y eso me aterraba (sigue aterrándome&amp;nbsp;cuando veo que me he pasado un mes entero&amp;nbsp;sin escribir una sola línea).&amp;nbsp;Entonces es en esta parte de la historia que entra mi amiga (¿cómo puedo llamarla? a ver, a ver) Valentina. Entró mi amiga Valentina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valentina es una gran seguidora de mis historias y siempre me ha apoyado y motivado en mi afición (que a todo esto yo creo que empieza a ser un tanto cansina para mi madre: "¡Si tanto te gusta escribir, pues&amp;nbsp;escribe y deja de quejarte"! me repite una y otra vez y no deja de tener razón). Un día yo estaba comentándole a Valentina lo mucho que me preocupaba mi situación de falta de&amp;nbsp;horas en el día&amp;nbsp;cuando me dijo: ¡hazte un blog! Yo la verdad es que en un principio fui un poco reticente a la idea. Un blog te obliga a estarlo actualizando constantemente&amp;nbsp;y para eso hay que tener ánimos y TIEMPO. Pero entonces se me abrieron los ojos y me di cuenta de que eso era justamente lo que necesitaba: obligarme a escribir. Yo no sé si a alguno de los que estáis leyendo esta publicación le gusta escribir pero para los que no lo saben, no basta con tener buenas historias en la cabeza y excelentes argumentos y personajes extraordinarios: el desafío está en saber plasmarlo en el papel y darle vida. Para eso se necesita mucho entrenamiento, es decir, muchas horas de lectura,&amp;nbsp;escritura y comederos de cabeza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que hice el blog con la ayuda de Vale me pregunté: ¿y ahora sobre qué escribo? Estuve varios días dándole vueltas al asunto&amp;nbsp;hasta que se hizo la luz en mi cerebro: ¡de París! Pero no de París como ciudad sino de lo que ocurre por estos lares. Muchos deben de pensar que en una ciudad cosmopolita y europea como lo es la "ville lumière" no pasa nada&amp;nbsp;extraordinario. He de admitir que cuando llegué también lo creí: al mes de vivir aquí juraba que lo había visto todo. Tan ingenua. Ya llevo dos años en París y no podría haber estado más equivocada cuando pensé aquel disparate. De hecho han pasado tantas cosas y ha entrado y salido tanta gente de mi vida que ya ni siquiera sé por dónde empezar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, lo importante es que he roto el hielo conmigo misma (mi&amp;nbsp;pantalla&amp;nbsp;ya no está en blanco) y entre línea y línea he escrito la primera entrada de este blog.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1852896895780344689-3730224835384445035?l=tostadasrecienhechas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default/3730224835384445035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1852896895780344689/posts/default/3730224835384445035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tostadasrecienhechas.blogspot.com/2011/10/las-primeras-palabras-siempre-son-lo.html' title='Las primeras palabras siempre son lo más difícil'/><author><name>Nadia Barrera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06916414197814731927</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-CKoFZSfOJC4/TqRBVfb-NpI/AAAAAAAAACQ/Jzu5UNxHSf8/s220/vintage.jpg'/></author></entry></feed>
